martes, 2 de octubre de 2012

Mi Búnker

Cuatro paredes de color lila, un techo del color de casi todos los techos, blanco, y una ventana que hace que mi mirada se pierda en la inmensidad del fondo del paisaje que ya conozco como la palma de mi mano.
Un ordenador con el que controlo los diferentes mundos en los que me evado, un equipo de altavoces heredado de mi hermano que me ayuda a no escuchar más que lo que quiero escuchar, sólo aquello que no me dice la realidad.
Una bandera del equipo que me hace vibrar y una bufanda que reivindica lo que la ciudad en la que vivo debería de ser.
Un pequeño flexo de luz íntima que pasa la mayor parte del día apagado, una tele que solo uso para jugar, y una xbox que me hace ser todo lo que nunca seré.

Un viejo amplificador, unos cuantos jacks y unas guitarras que son las únicas que hacen que me exprese,
llenando de mí hasta donde alcanza su sonido, impregnando el aire de mis emociones.
Unos discos de La Fuga, Pereza, Marea, y la maqueta que hice con el grupo en el que estuve.
Ningún reloj, para mí aquí no pasa el tiempo, una leja con una luz que nunca encendí (sólo una vez cuando era un enano), varias colonias que no me hacen triunfar como dicen sus anuncios, cremas para diferentes patologías (y masajes), la funda Ray-Ban más sosa que existe con unas gafas de espejo dentro, una hucha que ya solo contiene gomas de diferentes barajas de cartas de diferentes tipos de juego, y la foto de la única chica que se ha llevado todo mi cariño; mi ahijada.

Un cajón con tabaco, mecheros, medio coco que hace de cenicero, libros que me hacen crecer, reír y soñar, y en ocasiones, cosas que me teletransportan a otros estados que no quieren legalizar.

Cuatro paredes y un techo. Mi evasión de la realidad. Mi casa del pilla pilla para que no me alcance la realidad. Sexo escaso, más verdades que mentiras y el olor (aún) de alguna ex.

Se puede derrumbar el mundo que aquí me siento inmune.


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