No fue hace mucho más de casi un mes y veinte años que llegué a este mundo, a esta vida. Ahí nació una persona más, un cualquiera nacido en una ciudad cualquiera. Un tipo normal. Vamos, yo.
El pequeño de tres hermanos, que quizá por ello me haya quedado con las metas que ellos no pudieron lograr, con los fallos que nunca haré porque ya los hicieron ellos. Mil cosas más como consecuencia de ello.
Pero al final cometo errores, como todos. Soy el mejor, el mejor cometiendo errores. Menos mal.
Crecí, y sigo creciendo, en una ciudad con puerto, que aunque cada vez descansa más, la sigo abordando en noches en las que la Luna no alumbra demasiado, en las que nos deja muy poquito de su luz para una mayor intimidad. Nos deja, porque la abordamos los de siempre. Aquellos que nos conozcamos más o menos años, nos conocemos por igual.
Lo típico y poco más, quemar los bares de la ciudad junto los recuerdos que no queremos mientras escribimos otros nuevos. Paradójicamente más sobrios que los que podíamos escribir antes. Y cuando la cosa se pone fea le echamos mano a los cojones y volvemos a quemarlo todo. Sobrevivir más que vivir. Pero me quedo con mis amigos y con poco más.
Con la música, el Rock n Roll que me enseñaron mis tíos cuando aún no era más que un pokeniño, y que aún no ha pasado de moda, al menos para mí. Y con lo que sale de mi guitarra, que es lo que sale de mí pero en alguna clave musical que aún no se termina de encontrar.
Me quedo con eso y poco más. Pero será dicho próximamente, porque, desgraciada esta url, volveré aquí buscando el alivio en mi mismo.
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