jueves, 13 de diciembre de 2012

Crescendo

Me doy cuenta de que el tiempo es algo que con el peso de cada día pasa menos en vano. Para mí la madurez pasa con la sucesión de acontecimientos, no importa el tiempo que pase como tal. Pero sin duda uno crece y su situación es distinta siempre, ya sea con ligeros matices o situaciones en las que no se podía ver involucrado nunca. Todo acaba cambiando, con ello sus responsabilidades que para mí a base de errores he podido saber hacer. Errores que quizá conlleve la madurez, de pronto ves que el mundo ha cambiado, y esa chica en la que no te solías fijar de pronto es la chica, ya toda una mujer, que no querrías dejar escapar. O que las frases que me decían mis mayores cuando era pequeño no eran más que golpes de realidad, de una realidad que me pillaba quizá no tan lejana y que nunca creí que pudiera ver como ellos.
Pero no sólo cambian las cosas más "superficiales", si una cosa cambia, por pequeña que sea, es porque todo está cambiando. Los cambios son como una máquina perfecta, y nosotros formamos parte de ella, debemos saber hacer girar los engranajes sino queremos acabar atorados.
La madurez acaba llegando al final por sí sola, sólo la tienes que aceptar, o en ocasiones esperar a que algo te abra los ojos y esperar que aún no sea demasiado tarde para arreglarlo todo.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Verano Mojado

La escribí en verano, hace unos tres meses. Ha cambiado todo desde entonces, ahora hace más frío, mi vida se ha puesto en modo "on", gasté el whisky de algunos lugares y vuelven a ser reincidentes las escapadas a los parques con los amigos, la música, los bares y su música, y la cerveza, algún oscuro y bendito y esos vicios que rompen la rutina y los problemas que nos molestan durante la semana.
Excepto sentir el calor y la locura de unas manos ajenas adheridas a mi cuerpo. Eso...


Llevo unos días fuera de onda,
perdido y un poco "out".
Creo que me falta cobertura,
ruido y una canción.

Este verano me está matando,
cada vez se hace más largo.
Ahora te propongo un trato,
niña, quememos el barrio.


Gastemos el whisky de los bares que una vez nos vieron caer,
quémemos los fotomatones de la ciudad.
Ganemos las apuestas que nos hicieron perder.


Me da igual cómo, no quiero pensar,
yo me dejo llevar.
Si acabo en un bar,
en tu cama, o qué más da.

¿Pará qué contar los pasos?
Como humo me cuelo en los labios.
Lo he conseguido,
mira, estoy tan vivo.

Gastemos el whisky de los bares que una vez nos vieron caer,
quémemos los fotomatones de la ciudad.
Ganemos las apuestas que nos hicieron perder.
Metamos la locura entre el calor de nuestra piel.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Vigilada

Te gusta caminar con tu pelo al viento,
un poco cabizbaja,
enfundada en tu chaqueta de cuero
y creer que no eres mirada.

Unos labios sentidos,
unos ojos expresivos,
una cara que enamora
y piernas para perder las horas.

Nada de especial,
pero tampoco del montón.
Sólo tu.

Y a veces mueves los labios
cantando sin cantar,
la canción que crees tu vida,
la que sueñas que un día tu príncipe te hará realidad.

¿No es cierto, y siempre lo será,
que algunos soñamos
con ser los poetas
de las canciones que su musa cantará?

Después de todo esto,
de cada detalle,
como si de una tesis se tratase,
será mejor que pare.

No te vayas a sentir vigilada,
ni acosada, ni estudiada,
ni cualquier palabra fácil que rime con "ada".

Sólo siéntete guía de un alma
que antes vagaba.

viernes, 5 de octubre de 2012

La Verdad

La verdad es que hoy es viernes, o ya sábado mejor dicho, y mi noche hace una hora que acabó. La verdad es que no me gustaría estar aquí. La verdad, cada vez las cosas me pesan más y puedo salir menos. Sinceramente, creo que estoy echando algo de menos. Y mi corazón ha hecho un celibato, total, como un huracán. Se ha llevado cosas de más, pero no me quejo, no está mal.
Últimamente he tomado una rutina, por las mañanas no me termino me dormir, por la tarde estudio en aquel antiguo instituto en el que estuve cuando me empezaron a atacar las hormonas, se abrió mi visión del mundo, y en el que no toqué ni una teta. Pues eso, cuatro horas, pero cuatro horas de extraña evasión, ahora todo ha cambiado, estudio con la Luna y con un gran amigo. No es tan secreto, somos como J.D y Turk, pero yo blanco y menos guapo, y sobre todo sin estudiar si quiera nada universitario. Pero es eso, nos comunicamos mentalmente, analizamos a las chicas, las tetas que podré tocar y además las clases no van mal. Es un buen momento, como en esas series que nos venden mentiras por televisión, pero la verdad es que realidad siempre supera a la ficción. Tanto como que ella ha superado, por algún motivo que desconozco, no por sus tetas, lo juro, cierto límite de expectativas mías, y sólo con verla, sólo con haber tenido una conversación insustancial con ella. Pero no es nada, sólo que hace tiempo, y bastante, que decidí ni si quiera besar a nadie, pero ahora hay cambios en todo. Como en una de esas series, ¿no?
La verdad es que no está tan mal, pero ahora es cuando siento que me falta algo más para terminar este cambio. Para cambiar bien el rumbo de verdad. Y otra jodidísima verdad es que necesito la guitarra ya, porque si no no lo hago no podré ponerle una banda sonora a mi serie de verdad. Porque la verdad es que la realidad siempre supera a la ficciónSiempre.

martes, 2 de octubre de 2012

Mi Búnker

Cuatro paredes de color lila, un techo del color de casi todos los techos, blanco, y una ventana que hace que mi mirada se pierda en la inmensidad del fondo del paisaje que ya conozco como la palma de mi mano.
Un ordenador con el que controlo los diferentes mundos en los que me evado, un equipo de altavoces heredado de mi hermano que me ayuda a no escuchar más que lo que quiero escuchar, sólo aquello que no me dice la realidad.
Una bandera del equipo que me hace vibrar y una bufanda que reivindica lo que la ciudad en la que vivo debería de ser.
Un pequeño flexo de luz íntima que pasa la mayor parte del día apagado, una tele que solo uso para jugar, y una xbox que me hace ser todo lo que nunca seré.

Un viejo amplificador, unos cuantos jacks y unas guitarras que son las únicas que hacen que me exprese,
llenando de mí hasta donde alcanza su sonido, impregnando el aire de mis emociones.
Unos discos de La Fuga, Pereza, Marea, y la maqueta que hice con el grupo en el que estuve.
Ningún reloj, para mí aquí no pasa el tiempo, una leja con una luz que nunca encendí (sólo una vez cuando era un enano), varias colonias que no me hacen triunfar como dicen sus anuncios, cremas para diferentes patologías (y masajes), la funda Ray-Ban más sosa que existe con unas gafas de espejo dentro, una hucha que ya solo contiene gomas de diferentes barajas de cartas de diferentes tipos de juego, y la foto de la única chica que se ha llevado todo mi cariño; mi ahijada.

Un cajón con tabaco, mecheros, medio coco que hace de cenicero, libros que me hacen crecer, reír y soñar, y en ocasiones, cosas que me teletransportan a otros estados que no quieren legalizar.

Cuatro paredes y un techo. Mi evasión de la realidad. Mi casa del pilla pilla para que no me alcance la realidad. Sexo escaso, más verdades que mentiras y el olor (aún) de alguna ex.

Se puede derrumbar el mundo que aquí me siento inmune.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Primer Acorde

No fue hace mucho más de casi un mes y veinte años que llegué a este mundo, a esta vida. Ahí nació una persona más, un cualquiera nacido en una ciudad cualquiera. Un tipo normal. Vamos, yo.
El pequeño de tres hermanos, que quizá por ello me haya quedado con las metas que ellos no pudieron lograr, con los fallos que nunca haré porque ya los hicieron ellos. Mil cosas más como consecuencia de ello.
Pero al final cometo errores, como todos. Soy el mejor, el mejor cometiendo errores. Menos mal.

Crecí, y sigo creciendo, en una ciudad con puerto, que aunque cada vez descansa más, la sigo abordando en noches en las que la Luna no alumbra demasiado, en las que nos deja muy poquito de su luz para una mayor intimidad. Nos deja, porque la abordamos los de siempre. Aquellos que nos conozcamos más o menos años, nos conocemos por igual.

Lo típico y poco más, quemar los bares de la ciudad junto los recuerdos que no queremos mientras escribimos otros nuevos. Paradójicamente más sobrios que los que podíamos escribir antes. Y cuando la cosa se pone fea le echamos mano a los cojones y volvemos a quemarlo todo. Sobrevivir más que vivir. Pero me quedo con mis amigos y con poco más.

Con la música, el Rock n Roll que me enseñaron mis tíos cuando aún no era más que un pokeniño, y que aún no ha pasado de moda, al menos para mí. Y con lo que sale de mi guitarra, que es lo que sale de mí pero en alguna clave musical que aún no se termina de encontrar.

Me quedo con eso y poco más. Pero será dicho próximamente, porque, desgraciada esta url, volveré aquí buscando el alivio en mi mismo.